-Comunicado a los estudiantes del Colegio Manuel Elkin
Patarroyo-
(La presente tiene
como fin expresar la fuerte preocupación que, en estos momentos, varios
profesores han mostrado con respecto al desempeño de los estudiantes de Grado
Décimo, pues muchos, la gran mayoría, han empezado a desligarse por completo
del proceso académico que estamos llevando a cabo, haciendo caso omiso a los
diferentes mensajes enviados, limitando la comunicación con el docente director
de curso y negándose a responder en los casos que se ha tratado de establecer
comunicación directa con cada uno de ellos)
Si bien la situación actual ha
significado un desafío, tanto para la educación como para su forma de
comprender la vida —la suya, queridos estudiantes, la mía, la de todo ser que
se precie de pertenecer a la especie humana—, los docentes del colegio Manuel
Elkin Patarroyo hemos trabajado de la mejor manera posible para poder llevar la
escuela a casa, haciendo uso de herramientas que, en muchos casos, resultaban
desconocidas tanto para ustedes como para nosotros; haciendo uso de
herramientas que, en su debido momento, no parecían ser las adecuadas para
establecer un seguimiento académico; haciendo uso, tendré que insistir, de
herramientas que parecían destinadas al ocio y el entretenimiento. De repente,
ustedes, estudiantes, han visto invadida la sacrosanta “intimidad” de sus redes
sociales por la apresurada aventura de la virtualización de la educación.
No vamos a mentirnos, por supuesto.
Las primeras semanas resultaron difíciles para todos. Los cambios suponen un
cierto extrañamiento, generan dislocaciones e incomodidades, pues del
territorio de lo conocido hemos tenido que adentrarnos hacia lo incómodo, hacia
lo desconocido. Eso es claro.
Sin embargo, esta labor no podemos
realizarla si ustedes se niegan a participar de ella. Imagínense, si no, la
sorpresa que se llevaría un escritor al saber que su obra es desconocida para
los lectores, desconocida a quienes va dirigida y casi que dedicada;
imagínense, si no, la sorpresa que se llevarán quienes tienen el interés de
remover los cimientos mismos del pensamiento humano, si sus ideas no son
acogidas y promovidas; imagínense un colegio sin estudiantes.
Ustedes, que son la razón de ser para
nosotros, se esconden y pierden entre los pliegues de una virtualidad engañosa.
El colegio, queridos estudiantes, no es solamente el lugar en que se emplaza la
labor docente, ese sitio comparado a una celda en el que debemos estar de lunes
a viernes en horario de ocho horas; el colegio son ustedes, somos nosotros,
todos, estudiantes, padres de familia y docentes, y eso ha quedado demostrado
con creces a lo largo de esta pandemia. No podemos crecer y reverdecer los unos
sin los otros, nos necesitamos no solamente para seguir construyendo escuela,
sino, y quizá más importante, para reencontrarnos y seguir construyendo vida,
posibilidad, futuro.
Al negarse ustedes a participar de lo
que se les propone, se niegan a crecer, a reverdecer. Se están negando ustedes
al reencuentro, a la posibilidad y al futuro.
Por eso, quisiera hoy invitarlos, en
este mismo instante, a que se imaginen no un colegio sin estudiantes (que
entrañaría una contradicción), sino una educación sin colegios, en la que la
autonomía, la exploración y la motivación sean las directrices principales. Hoy
quiero invitarlos al futuro —aunque nos cueste, aunque nos pese—, porque
solamente de su mano podremos ganarnos el derecho a que nos pertenezca.
Richard León
Docente Español y literatura
Colegio Manuel Elkin Patarroyo IED
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